
Estaba allí sentado en el asiento trasero del auto sin entender a donde íbamos, no recuerdo bien como llegue aquí solo veo a mis padres sentados delante en absoluto silencio. Rápidamente comencé a cuestionarme porque estaba ahí, pero nada vino a mi mente para dar respuesta a esa pregunta, pensé mil y una teorías pero como es en común en mi; mi mente crea más cosas irreales e imposibles que factibles. Entonces al mirar por la ventana noté algo, íbamos particularmente lento comparados con el auto que acababa de pasar por el costado, sin embargo al mirar al frente y hacia atrás vi autos a la misma velocidad nuestra. ¡Es una caravana! Me dije rápidamente, entonces no pude aguantar más y pregunte.
–Papá, ¿Qué hacemos aquí?
-Nada, debemos hacer algo- respondió el sin inmutarse
-Pero no entiendo, ¿hacia dónde vamos?
-Da igual.
De alguna manera me conforme con esa respuesta, al fin y al cabo daba calma a mi mente, pues no pareciera ser algo importante por lo cual no debía seguir preguntándome que rayos hacia yo ahí. Seguí mirando el lento paisaje pasar por la ventana, note que sentía hambre y quise recordar algunas comidas, entonces fue que note que no recordaba que había comido el día anterior, en verdad no recordaba nada del día anterior. Al hacer un análisis más profundo a mi memoria note que lo último que recordaba era un día que estuve todo el día acostado sin hacer absolutamente nada. Entonces eso hice ayer, supuse, y deje de preocuparme y seguí mirando por la ventana. Cuando decidí darme vuelta y mirar hacia atrás note que se me hacia familiar el rostro de quien conducía el auto que venía justo atrás.
-¿Quién viene atrás?- pregunte al aire esperando la respuesta de mama o papa.
-No sé, tú deberías saberlo- contesto mi madre.
-No, no sé quién es, ¿Por qué debería saberlo?
-No sé, porque siempre lo sabes todos- respondió mientras dio vuelta la cabeza para sonreírme tiernamente.
A veces me resulta incomodo que me trate de esa manera a mis 20 años, pero supongo que siempre seré su hijo menor y sigo viviendo con ellos, por lo que les cuesta un poco verme como alguien más adulto.
Al cabo de unos 20 minutos la caravana se detiene, trato de mirar al frente pero no distingo el motivo, al parecer entramos a una calle sin salida.
-¿Qué paso? ¿Por qué paramos?- pregunte al aire nuevamente.
Un incomodo silencio se apodero del aire por unos cuantos segundos, pareciera que alguien tuviese el poder de desactivar a mis padres, permanecieron inmóviles un buen rato.
-Quizás deberíamos irnos- le dijo mi padre a mí mama como si yo jamás hubiese dicho nada.
-Es probable, pero es importante para él- respondió ella, ignorándome también.
-Pero es obvio que querrá saber que pasa, y no podemos decirle-
-Está bien yo arreglare esto- concluyo mi madre con la voz entre cortada.
-¿Por qué no me responden? ¡No entiendo de que hablan!- dije un poco molesto.
-Cristian, bájate y camina hacia el frente, allá entenderás todo, nosotros no podemos decirte más.-
Entonces no dije nada mas, pues estaba molesto y quería saber que pasaba, entonces abrí la puerta, me baje del automóvil y comencé a caminar. Mientras avanzaba miraba las caras de la gente que estaba en los automóviles de enfrente, parecían todos tristes. Algo andaba mal y debía descubrir que era. Al avanzar unos autos mas vi a mi amiga Francisca, tan triste como los demás, me acerque a su puerta con la intención de preguntarle qué sucedía.
Estaba por abrir la puerta del automóvil de francisca, aun que ella seguía con la cabeza gacha y probablemente no me había visto. Entonces algo se abalanzo sobre mi cuello con fuerza, me alejo a lo menos un metro de la puerta, cuando voltee la mirada descubrí que era otra amiga, la ‘’Koté’’, estaba llorando y hablaba algo que yo no le entendía entre sus sollozos.
-¿Qué te pasa? No entiendo nada de lo que me dices- Le pregunte con una sensación entre asustado y ansioso.
Entonces ella se calmo, respiro hondo una tres veces, luego me miro y finalmente fue capas de decirme mientras me tomaba las manos.
-Ven, tengo que contarte algo- Fue lo último que dijo antes de comenzar a caminar mientras me llevaba de la mano. Llegamos a la vereda de enfrente y se sentó en una escalera mientras me miraba con cara de que yo tenía que hacer lo mismo.
-Yo se que nadie te quiere explicar nada, pero tu despertaste recién ayer y nos dijeron que no recordarías nada-
-¿Cómo que desperté ayer? ¿Qué cosa no recuerdo?- Pregunte mientras un nudo se me apretaba cada vez más en la garganta.
Entonces ella me miro con gran dolor a los ojos para luego clavar su mirada en el piso. Entonces comenzó a relatarme lo que paso: ‘’Un día estábamos carreteando y decidimos irnos a la playa, a los dos días partimos, el primer día la pasamos como siempre, el segundo día fue aun mejor solo que ese día se te pasaron las copas. En mitad de la noche Andrea y tu dijeron que querían salir a pasear en la moto, tratamos de detenerlos pero ustedes insistían en que a Cristóbal debían gustarle desde antes de nacer….’’
Se me dibujo una sonrisa al pensar en Andrea y mi hijo paseando en moto conmigo en unos años más, pero no tuve mucho tiempo de pensar en ello pues la Koté continuo su relato.
‘’…Simplemente partieron y no pudimos hacer nada más que decirles que se cuidaran. Nosotros seguimos pasándola bien, pero al rato sentimos que pasó demasiado tiempo y ustedes no volvían, Javier dijo que debían estar pololeando, que esperáramos un rato más. Luego de que pasaran cerca de cuarenta minutos nos preocupamos y decidimos llamarlos, ninguno de los dos contestaba, fue ahí que tu llegaste sangrando de la cabeza…’’ En ese momento sentí algo extraño en mi cabeza, al tocarme no te que no tenia pelo en el lado derecho y en su lugar un gran parche.
‘’Corrimos a ti y lo único que nos dijiste era que Andrea estaba inconsciente y la moto hecha pedazos, yo me quede contigo y los demás partieron a buscarla. Llamamos una ambulancia que tardo cerca de media hora en llegar pues estábamos lejos de la ciudad, cuando los niños llegaron con Andrea ella seguía inconsciente, parecía que se había quebrado el brazo y tenía sangre por todos lados, sin embargo aun respiraba. Se los llevaron a los dos, notros nos apresuramos en cerrar la casa y partimos hacia la ciudad para ver que les pasaba.’’
-¿Están bien? ¿Perdió a nuestro hijo? ¿Dónde está ella?-
-Cristian, ella murió.-
Un tremendo dolor me recorrió todo el cuerpo, no podía creer lo que estaba escuchando, ella era lo que más amaba en la vida. Acabe con mi vida pero sin morir, me dije a mí mismo.
-¿Pero salvaron al bebe, cierto?-
-No.- Respondió Koté mientras me abrazaba fuertemente.- Estamos en su funeral, yo se que no fue tu culpa, pero ven tenemos que despedirnos de ella, te dejare solo un momento, luego podemos entrar.- Fue lo último que dijo y se marcho.
No podía creer lo que había pasado, deseaba fuertemente que todo fuera un sueño, quería despertar como en esas pesadillas de las que escapas con ganas y solo despiertas un poco exaltado.
Entonces me puse de pie y me dije a mi mismo ‘’ ¡Basta, esto no es real y ahí dentro lo comprobare!’’ Decididamente comencé a caminar hacia el cementerio, entre y vi un grupo de gente, buscaba ridículamente alguna cámara, podía tratarse de una broma. Al acercarme a la gente comencé a reconocer bastantes caras, un escalofrió recorrió cada centímetro de mi piel, sentía que el corazón explotaría en mi pecho con la fuerza de una granada que me hubiese tragado. Cuando finalmente llegue al lugar, vi a su familia, su padre me miro y cambio la expresión de su cara de absoluta tristeza a un odio inexplicable. En ese momento un cura menciono el nombre de Andrea y una tristeza sin igual inundo mis pensamientos, mi vida había acabado, toda mi felicidad y mis sueños habían muerto. Grite fuertemente – ¡Te amo! Esto no puede estar pasando-.
Entonces desperté de un salto, casi caigo de mi cama, mi corazón latía de una manera incontrolable ¡Solo había sido un sueño!, ¡Nada era real, Andrea y el hijo que crece en su interior seguían bien! Simplemente había sido el peor sueño de mi vida, me levante lentamente con una sonrisa en mi cara, me bañe y me prepare el desayuno. Al finalizar me conecte en el chat para matar el tiempo.
Entonces decidí llamar a Andrea, marque el numero de su casa, espere mientras contestaban pensando en una bonita forma de decirle buenos días, pues me encanta decirle las cosas de distintas formas solo para sacarle una sonrisa, al fin y al cabo su felicidad acabo siendo la mía.
-¿Aló?- contestaron en el teléfono, era su madre.
-Hola tía, ¿está la Andrea?
-¡Deja de llamar Cristian! ¡Entiende que tú la mataste, tú me quitaste a mi hija y a mi nieto!
Marcus Nesta
